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Jue, Abr
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Las familias gastan el doble en comprar alimentos y comen menos

SOCIEDAD
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En medio de esta crisis, es desagradable hacer las compras. “Uno va al mercado y regresa triste, porque no puede traer las cosas que se necesita en la casa”.

Antes juntaban Bs 250 para comprar cinco kilos de arroz, un kilo y medio de carne, un pollo, tres kilos de hueso, Bs 20 de verduras y otros víveres. “Ahora tenemos que llevar más de  Bs 400 cada semana, pero no alcanza, porque un pollo cuesta más de Bs 50. Comemos carne una vez a la semana, por eso compramos más menudencia, como hígado, panza y patas. El arroz tampoco se puede tener como antes, porque el kilo está a Bs 11. Además, antes podíamos traernos dos maples de huevo, pero como están las cosas nos tenemos que conformar con uno”, manifiesta.

Añade que,  hace algunos meses,  los muchachos podían comer hasta dos huevos en el desayuno,  pero eso  ya no es posible. “Para la cena también improvisamos un tomado, porque si queremos cocinar otra cosa hay que comprar para no disminuir los víveres que tenemos para el almuerzo”,  indica.

Asegura que ya no saben de dónde sacar más recursos. “Hay que aumentar para comprar los víveres y también para el pasaje. Está grave la situación, no le veo una salida, porque todo va más para atrás que para adelante. Uno trabaja, pero no le aumentan el sueldo y las cosas siguen subiendo. Cada día aumenta uno o dos bolivianos los productos”, sostiene.

Marisela trabaja tres veces a la semana y recibe su pago cada siete días, lo que le permite tener para la comida, porque su esposo recibe un sueldo mensual o quincenal. “Aunque trabajamos los dos, igual no alcanza, pese a que tenemos una sola hija. Es increíble, por lo menos antes se trabajaba y se vivía bien, pero ahora, aunque se trabaje, se vive alcanzado todo el tiempo”, lamenta.

La situación no es diferente para Piedades Hurtado (77), que  este jueves esperaba a su nieta que salió a comprar el pan para que terminen de desayunar los más chicos. “Cuando hay harta familia cuesta mucho más. Aquí vivimos tres familias, porque están mis tres hijas”, dice. En esa vivienda conviven más de una docena de personas, entre chicos y grandes.

“Para que alcance hay que estar añadiéndose”, expresa al intentar explicar que todos los que trabajan deben colaborar con las compras. “El uno pone un poco, el otro también y así podemos hacer una sola olla”, complementa.

“La carne no la hemos probado desde que subió el precio, comemos más pollo, pero hasta eso está caro, por eso buscamos menudos, como chuquiriqui, cogote y patas. Eso viene mezcladito y podemos preparamos locro, majadito, fideo, lo que uno puede”, indica. 

“El bife está bien lejito del plato, peor el churrasco”, dice entre risas, al intentar reflejar la crisis que viven muchas familias.

En los barrios alejados la gente tiene sus propias necesidades.  Fortunata Garrado (51) caminaba a prisa por las calles del barrio 8 de Octubre, con una bolsa de papa y otra de yuca. Ella vende anticuchos por las tardes. Los ofrece a Bs 2,50 los de menudo de pollo y a Bs 4 los de carne. Compra la carne más económica  para conseguir que su negocio sea rentable, porque la gente ya no tiene para gastar.

Ella consigue carne de Bs 42, porque en este momento es la más barata, por eso le pone papaya con ajo para que ablande. Compra el kilo de churiqui compra a Bs 18, antes lo llevaba a Bs 12. La tripa la encuentra en Bs 20, pero hace unos meses se la vendían a Bs 12.

“Todo está mal y todo está caro, hasta el pasaje subió, por eso también camino un poco. Tardo unos 40 minutos de ida y vuelta, pero hay que ahorrar lo más que se pueda”, dice.

Señala que para la semana gasta en promedio unos Bs 500. Compra algo de carne, arroz, aceite y verduras. “Antes comprábamos todo con Bs 300, pero ahora llevo más y traigo menos”, lamenta.

Rosa Olguín tiene cinco hijos, pero se queda todo el día con los dos más pequeños. “Estoy haciendo pura ensalada”, dice mientras lava los servicios antes de empezar a cocinar.

Su hijo fue a comprar  los huevos y el arroz para el almuerzo. “Lo vamos hacer revuelto para que alcance. La última vez que pregunté el kilo de pollo costaba Bs 25. Gasto Bs 250 a la semana y tengo que hacerlo estirar como sea, porque a mi esposo le pagan mensual”, cuenta.

En sus compras ha incluido principalmente avena, porque es saludable para todos y los chicos se quedan satisfechos. “Desde que subió el precio de la carne no la hemos probado, por eso mayormente comemos huevo o menudo. También a veces compramos dos sopas”, subraya.

En la cena comen lo que sobra del almuerzo, pero algunas veces compran pan. Son pocas las oportunidades que tienen para darse un gusto y comer un cuarto de pollo que comparten entre todos.

Los chicos llevan como merienda a la escuela manzana o sándwich de huevo, porque no les alcanza para darles monedas.

La carga es más pesada para algunas personas. “Traemos lo más barato que se puede. Antes con Bs 100 uno compraba carne, pollo, arroz, azúcar, harina y otras cositas para la casa. Sin embargo, en este tiempo se gasta más de la mitad de eso en comprar un pollo”, dice Luisa Quispe, que vive con sus tres hijos.

Luisa indica que solo puede comprar cuarto kilo de carne, porque tiene que hacerlo con jugo para que no falte.

Reclamos

Este jueves, un grupo de vecinos protestó con las ollas vacías en la plaza 24 de Septiembre. Alzaron la voz para pedir que se controle el alza de precios de los productos básicos.

El dirigente vecinal, Omar Rivera, dijo que el país vive días angustiosos. “Las amas de casa no saben qué echarle a la olla, la canasta familiar ha subido tres veces en los últimos tres meses y tememos que la situación empeore. No podemos seguir así”, reclamó.